Tal vez nuestro error fue llegar a convencernos de que lo
nuestro era perfecto, porque así lo creíamos, y en algún momento así fue.
Siempre supimos que era otra cosa, que iba más allá... que era tan único como
sólo nosotros podemos saber. Pero siempre la realidad te empapa la cara y te
realiza que las imperfecciones existen, que los defectos están y los errores se
cometen. Me permití dudar que haya sido en un momento erróneo, apresurado de
nuestras vidas, (efectísima comprobación de cuánto las dudas ajenas pueden
afectar las propias) justificar tus acciones primero con que bueno, tenés 17
años, estás en el colegio… pero el tiempo pasó y me demostró que con 18 podías
seguir equivocandote, repitiendo errores del pasado. Y yo te demostré que con
18 años, y aún con mi corazón al lado del tuyo, podía dejarme llevar y actuar
como una pendeja, y aún peor, como una cobarde… y aunque acá no valga ningún
pero, fue sólo por miedo a perderte. Cuántas veces te perdí ya? Ninguna aprendí
a ser feliz, pude como mucho a no estar tan triste. Por qué no lo pensé antes?
Porque pensar muchas veces es difícil, porque a veces dejarse llevar es la
salida más fácil a los problemas, a las inseguridades, en vez de llamarte y
expresarte cómo me sentía. Sí, creo que ese fue el dilema, tenerte tan lejos,
fisica y emocionalmente. Cerca tuyo jamás me hubiera equivocado porque tus ojos
me hubieran recordado cuánto iba a valerme mi error (no poder mirarlos más)
Será que las cicactrices a veces se abren, sangran y queman?
Será que sólo desaparecen cerca tuyo, será que nunca se van para recordarnos lo
malo y valorar lo bueno… Sé que mis cicatrices gritan seguido, sé que son
profundas, mal curadas, como cuando tomas sol y te quedan blancas. Sin embargo
uno decide cerrarlas y dejarlas atrás, y está todo bárbaro, pero la única cosa
que las puede cerrar es la misma que las produjo, y he aquí el quid de la
cuestión.
Yo le encontré la horma al zapato. Por qué? Porque valía la
pena, el esfuerzo y mucho más. Valía cada rosa, cada salida, cada risa, cada desayuno,
viaje, abrazo, caricia, piña, cosquilla, cena, noche, día, lágrima, rencor,
valía todo. Aún asi, que puedo pretender? Que seas igual que yo? Si siempre te
quise por lo contrario, te quise por ser diferente y enseñarme a ser más
tranquila, menos tímida (en una playa, en un cine, en la calle, en el living),
que me importe menos el que dirán, a ir de frente, me enseñaste a reír, a
aceptar que algunas cumbias tienen lindas letras, a llorar todo el tiempo, a
hablar, a decir te amo y a ser dulce. Aprendí a escribir, siempre fuiste un
buen motivo para que me salieran un par de palabras. Siempre fuiste tan
diferente a mí que me sorprendía que estuviera con vos, por Dios, sólo vos y yo
sabemos cuán diferentes somos. Y por eso te pertenezco, porque me complementas,
porque con vos soy una Luciana tan diferente (y que sólo vos conocés), vos
supiste taparme las imperfecciones y remarcarme las cosas buenas, supiste
acompañarme y ayudarme a pensar que la soledad es una mentira (como el olvido),
con vos aprendí a valorar y querer mucho más a mi familia, y de paso, me
regalaste una segunda, con hermanos, papas, tíos y primos. Me enseñaste a ir de
tu mano orgullosa del flaquito cansado que volvía de laburar, con olor a chivo,
manos cortadas, zapas con resorte, gorrita y ojos claros. Me enseñaste a frenar
en las esquinas con el cuatri, me enseñaste a divertirnos juntos en una cama de
Sierra comiendo sanguche de milanesa o tomando una cerveza en tu casa.
Lamentablemente, no llegaste a lograr que me guste el vino. Me levantaste en un
recital y te compraste a mi familia. Tenemos 300 películas vistas y 300 por
ver. Me regalaste 18 rosas y 2 jueguitos de Play, pero nunca probé tu polenta
(aún así, podría vivir a conejo y milhojas de tu mamá toda la vida) Supe que
tus brownies son sin nueces, porque las odias, como las almendras, pero que te
encantan las pasas de uva y la cáscara de naranja confitada. Que no comés
zanahora ni cebolla pero bue, si la ensalada tiene… que te encantan las peras
de Vinsanto y que el amor de tu vida es el pastel de papa. Con vos y tu abuela
probé el jugo de, míspero? Níspero? Y que no se pregunta de que son sus
postres, sólo se comen, como el terrible Tiramisú de Mir
Y cuántos caracteres más podría llenar? Cientos, miles. Y
aunque tengo tantas palabras atragantadas por salir, tal vez lo mejor sea
cerrar con un, todo esto para mí valió la pena, valió un perdón. Todo esto para
mi significaba un empezar de cero. Nos quedan muchas cosas por vivir. Y para
mi, todo esto, y más, todo lo que vos y yo sabemos que queríamos, que pasamos,
que sentímos, que vivimos, que nos animamos a vivir, vale la pena.
(como no va a valer un perdón?)
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